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| TRADICIONES |
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Son múltiples las tradiciones que están arraigadas
en la sociedad aragonesa. Casi tantas como familias,
pues cada hogar mantiene las suyas. Desde el fervor
y la religión, hasta la gastronomía, hay muchas
costumbres que los habitantes de esta Comunidad
llevan a cabo en estos días.
Por eso, desde aragondigital.es esperamos que nos
cuenten las tradiciones que se han arraigado en su
familia o en su localidad, o las costumbres que
conozcan. Envíenlas a
sugerencias@aragondigital.es
El Domingo de Ramos ha propiciado bastantes
costumbres. El refranero, por ejemplo, expresa
alguna de ellas: “Domingo de Ramos, quien no estrena
no saca manos”, “El que no estrena el Domingo de
Ramos, no tiene pies ni manos”, “Domingo de Ramos,
quien no estrena se condena”, entre otros. Antes lo
importante era estrenar ropa este día, para evitar
los males mayores que se auguraban en los refranes.
Aún hoy se conserva en parte esta tradición, aunque
desvinculada del significado del refrán.
Además de la costumbre de estrenar ropa en este día
del año, es también muy extendida la tradición de
comprar palmas para los niños, de las que cuelgan
chocolates o gominolas que los pequeños no pueden
tomar hasta después de la misa del Domingo de Ramos.
Sin embargo, suelen ser más bien pocas las que
llegan a ese momento.
Ciñéndose un poco más a los actos religiosos de la
Semana Santa, es costumbre la de que los monumentos
que se disponen en las iglesias durante Viernes
Santo estén custodiadas por “alabarderos” o la
“guardia romana”. El acto del “Abajamiento”,
descender el Cristo de la Cruz, es también un acto
peculiar dentro de la Comunidad aragonesa.
En Épila, el Jueves Santo se realiza el “Encierro
del Alcalde”, que consiste en que, tras cerrar el
sacerdote el Sagrario al final de los oficios de ese
día, le cuelga al cuello la llave al alcalde, quien
posteriormente será escoltado por las autoridades
eclesiásticas y civiles hasta su casa. Allí
permanecerá hasta que vuelvan a buscarlo al día
siguiente para llevarlo a la iglesia, donde se
celebrarán los oficios de Viernes Santo.
Para el Viernes Santo llega el momento de las
tradiciones gastronómicas. Como consecuencia del
ayuno y de la abstinencia que se guarda ese día, la
sociedad aragonesa ha desarrollado múltiples platos
con los que comer bien sin saltarse la “norma”. Tal
es el caso de los guisos de congrio, que pueden
tener variantes: con huevos, “tonto”, con patatas,
con garbanzos o legumbres, todos ellos con mucha
enjundia. También los dulces tienen aquí cabida: las
“culecas”, las torrijas o la leche frita son algunos
de los postres que, desde generaciones, se han
tomado en Viernes Santo en Aragón.
Y al llegar el Domingo de Resurrección, no podían
faltar las monas de pascua, que endulzan a base de
chocolate la comida de los más pequeños. Con el paso
del tiempo, las pastelerías han sofisticado estas
figuras de chocolate que, actualmente, pueden llegar
a representar desde personajes de dibujos animados
hasta reproducciones de edificios emblemáticos. |
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